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alzheimer

Caminando juntos contra el Alzheimer

Las caminatas organizadas en nuestros centros el pasado 18 de septiembre, como gesto de solidaridad con las personas que padecen Alzheimer, fueron un éxito. Más de 1.800 personas incluyendo residentes, familiares y empleados, caminaron juntas en contra de esta enfermedad.

Durante el acto se leyó el poema Mi Ser Interior, escrito por una gerocultora de una residencia de Bupa en Nueva Zelanda. El poema habla desde el punto de vista de una persona con Alzheimer.

 

Mi ser interior

Háblame… al ser que tengo atrapado en mi interior,

no a la persona que tienes delante.

No sé quién es esta otra persona, quién se ha apoderado de mí.

Cógeme de la mano, abrázame…

Tengo los mismos deseos y necesidades que tú,

te cuento historias que te sonarán a antiguo,

pero para mí son actuales.

Digo cosas y las repito una y otra vez;

hago cosas una y otra vez.

No frunzas el ceño, no te burles ni me pongas los ojos en blanco…

Pregúntame… tranquilízame, pruébame.

Porque en realidad no me conoces de nada.

Grito, golpeo, ¿no harías tú lo mismo si estuvieras en mi lugar?

Cuando era joven me prohibían hablar de determinadas cosas,

las guardé bajo llave…

Ahora estoy abierto, digo cosas, actúo, hasta las cosas que me forcé a olvidar son ciertas.

Y, como ahora las estoy sintiendo por cada poro de mi piel,

lo que me pasó… es cierto.

Me asusto de esta plaga que se apodera de mí…

Me siento muy solo.

No, No. A pesar de lo que pienses, no estoy loco,

pero creo que tú lo estás.

Si conocieras a mi ser interior verías que no soy el mismo vejestorio.

Trátame con cortesía y respeto, como te gustaría a ti,

¿te has encontrado en esta situación?

No me fuerces cuando no pueda decir que ya vale…

Si me ducho o me baño y me aparto o no quiero…

Solo sé que mi cuerpo es mío y es privado.

Me tengo que exponer cada día a muchos que molestan;

déjame descansar…

A veces, mi ser interior sale, te veo sonreír.

Me sobresalto… y en un abrir y cerrar de ojos, me voy otra vez.

Todo lo que digo… es que cuando haya llegado el momento en que me convierta en una paloma blanca,

siéntate, tómate una copa de vino, un café o fúmate un cigarrillo

y acuérdate de mí.

Aunque no pueda darte la mano ni darte las gracias.

Me despido por ahora y recuerda, la próxima vez tú serás yo, y yo podría ser tú, así que coge esta hoja y ayúdame.

 

 

Un poema de Sarai, gerocultora de la residencia «Newhaven» (Nueva Zelanda).