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Consejos para una buena rehabilitación después de una intervención de cadera

  • El equipo médico ofrece los consejos más adecuados en cada caso, pero fundamentalmente hay dos riesgos a evitar: las luxaciones y las infecciones
  • Cada vez son más las personas que se benefician de una intervención de cadera

Las personas de edad avanzada, especialmente si sufren osteoporosis o debilidad muscular son más vulnerables a las consecuencias de las caídas. Un tropiezo en la calle, un resbalón en la ducha o un traspiés bajando una escalera pueden terminar en una dolorosa fractura del cuello del fémur, también conocida como fractura de cadera.

Las intervenciones de cadera cada vez suponen menos riesgos ya que son muy habituales, ya sea tras un accidente o por desgaste óseo. A las pocas horas de la intervención, la mayoría de pacientes ya realizan movimientos en la articulación afectada y, en pocos días, reciben el alta hospitalaria. Una vez en casa se ha de tener en consideración varios aspectos para una buena rehabilitación, desde acondicionar el hogar a la nueva situación a qué pasos seguir para rehabilitar correctamente.

Hay que seguir los consejos de los cirujanos, los fisioterapeutas y enfermeros, prestando especial atención a dos riesgos principales a evitar: las luxaciones y las infecciones.

Las luxaciones son, literalmente, salidas de lugar del hueso (de la articulación) o, en este caso, de la prótesis colocada..

Las luxaciones se producen habitualmente cuando la cadera recién intervenida se flexiona más de lo debido. Causas de ello pueden ser una incorrecta postura a la hora de sentarse (hay que evitar, por ejemplo, cruzar las piernas la una encima de la otra y, también, evitar las sillas bajas que obliguen a tener la cadera por debajo de las rodillas), una inclinación excesiva (no es recomendable inclinarse por la cintura a recoger alguna cosa del suelo) o una rotación de la pierna intervenida (nunca se deben rotar las rodillas hacia dentro, ni siquiera al colocarse el zapato).

La ayuda de otras personas en los procesos de vestimenta, calzado y aseo, o de aparatos ortopédicos (caminadores, bastones, etc.) ayudará a evitar las luxaciones. Igualmente, a la hora de acostarse, lo más recomendable es dormir boca arriba y con un cojín entre ambas piernas durante las primeras semanas tras la intervención.

Por otro lado, las infecciones son procesos (no muy habituales, pero no infrecuentes) que pueden complicar el postoperatorio. Si tres o cuatro días después de la intervención el paciente detecta: hinchazón excesiva, enrojecimiento, dificultades en el drenaje, hemorragias y hematomas, debe avisar de forma inmediata al médico para ser evaluado de manera precoz y, si corresponde, recibir el tratamiento necesario.

Sin duda, el seguimiento de los médicos y hacer caso a sus recomendaciones es el mejor consejo posible tras una intervención de este tipo.

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